Una de las partes más importantes en el momento que nos plantemos escribir una historia es la creación de personajes. Son aquellos que darán sentido a los acontecimientos del relato y vencerán -o no- los obstáculos que se les presenten. No solo les debemos dar un aspecto físico, también una dimensión psicológica. Estos deben ir evolucionando en un contexto, tendrán unas necesidades, un punto de vista y un temperamento. De esto hablaremos en el post de hoy, sigue leyendo para conocer más. Si te gusta crear historias consulta nuestro curso de experto superior en escritura creativa. 

Utilizar el temperamento para la creación de personajes

Debemos comprender que la dimensión psicológica es la parte más difícil de la creación de personajes. Estos son personas y, por ello, deben ser únicos y responder a unas motivaciones y a unos objetivos. Si nos fijamos en la psicología, esta nos dice que la personalidad humana se divide en dos variantes: el carácter y el temperamento. Mientras que el carácter es aquello que va evolucionando a medida que crecemos y tiene una base cultural, el temperamento es genético y es muy difícil que cambie con el tiempo.

Ya desde Hipócrates los temperamentos fueron tipificados y se distinguían dos tendencias naturales: la extraversión y la introversión. A demás, también se diferenciaban entre las personas estables y aquellas inestables.

Existe la teoría de los cuatro temperamentos, dónde Sánchez Escalonilla, experto en guion, recoge la tipología establecida por Hipócrates. Pero recordad que es muy difícil encontrar en un personaje un temperamento puro, ya que estos pueden tener más de uno y no necesariamente tener todas y cada una de las características de este.  Así, se produce una mezcla de los mismos en distintas dosis, lo que hace únicas a las personas.

Temperamento sanguíneo

Son aquellos que disfrutan de la compañía de los demás, por ello, son extravertidos. Son optimistas, alegres y muestran calidez a la hora de tratar con otras personas. No ocultan sus emociones, ni las reprimen con dureza, por ello decimos que son de personalidad equilibrada. Buenos comunicadores, simpáticos y entusiastas, pero también indisciplinados, exagerados e impulsivos, pueden actuar antes que pensar. Un ejemplo de este temperamento sería el Capitán Jack Sparrow de Piratas del Caribe.

Temperamento colérico

Comparten la extraversión con los sanguíneos, pero estos no son de personalidad equilibrada, más bien al contrario. Pueden sufrir explosiones de ira, llevadas por el impulso y por no saber dominar sus pasiones. Son precipitados y espontáneos y normalmente este temperamento es asociado con el antagonista o “el malo”. Un ejemplo de ello es Frank Sheeran en El Irlandés.

Temperamento flemático

Pasamos a los temperamentos de aquellos que son introvertidos.  A la hora de la creación de personajes flemáticos, debemos entender que estos son reflexivos, silenciosos y equilibrados. Dominan sus pasiones y su inexpresividad desconcierta a aquellos que les rodean.  Un ejemplo sería el maestro Yoda en Star Wars.

Temperamento melancólico

En contraposición del flemático, con el que comparten la introversión, es que estos no son equilibrados. Acostumbran a ser pesimistas y antisociales, pero son sensibles, creativos y leales. Mienten con frecuencia para ocultar sus sentimientos y emociones. Son dudosos y tienen remordimientos de conciencia. Su inestabilidad provoca compasión y ofrecen una imagen de víctima. Un ejemplo de una persona melancólica en Ron Weasley en Harry Potter.

Ahora que ya sabes los cuatro tipos de temperamentos es hora que te lances a la creación de personajes. Recuerda que cada uno debe de ser único y por ello no debe responder con exactitud a un temperamento. Puedes jugar con ellos y crear personalidades híbridas. El límite lo pones tú.